Día 1: Sabores del mar y tradiciones de la costa
Comienza el viaje en Tepic rumbo a la costa, hasta llegar al poblado de Aticama, un lugar tranquilo donde el mar marca el ritmo de la vida cotidiana. La jornada inicia con un desayuno típico en Gorditas Cristina, un espacio familiar donde se saborean platillos caseros.
Ahí mismo se descubre uno de los frutos más curiosos de la región con un taller para preparar licuado de yaca, una fruta tropical de sabor intenso que forma parte de la cocina local. Con el paladar despierto, el recorrido continúa hacia el
Paseo Aticama, un malecón pintoresco frente al océano Pacífico, rodeado de palmeras, miradores y áreas de descanso.
En este paseo encuentras el Monumento al Ostionero, una escultura que rinde homenaje a los pescadores y al trabajo que ha dado identidad a la comunidad. Aquí comienza una demostración de saberes tradicionales donde pescadores locales comparten cómo se realiza la extracción artesanal del ostión, explicando las técnicas y el conocimiento que se transmite de generación en generación.
Sigue la experiencia con el arte del desgrane: aprender a abrir ostiones frescos y degustarlos directamente de la concha, apreciando su sabor salino y la frescura del mar. Después, los visitantes participan en un taller gastronómico para preparar zambombazos, un platillo tradicional a base de ostión que refleja la creatividad culinaria de la costa.
Un imperdible de la ruta es el Monumento a la Loca de San Blas, inspirado en la famosa leyenda de la mujer que esperó durante años a su amado marinero. A través de una narración teatral, el relato cobra vida y conecta a los visitantes con uno de los mitos más conocidos del litoral nayarita.
Más tarde, la experiencia gastronómica te espera en un taller para preparar el tradicional “balazo”, una bebida típica de la costa que mezcla sabores frescos y acompañan perfectamente los platillos marinos. El recorrido culmina con una comida completa frente al mar, donde se degustan especialidades de la cocina costeña elaboradas con ingredientes locales.
Antes de regresar, tienes tiempo para caminar por el Paseo Aticama, disfrutar de las vistas de la bahía y dejar que el atardecer pinte el horizonte del Pacífico.